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La dentición es un proceso que empieza de bebé y dura años —no, no es por desanimaros—, durante el cual habrá, como en todo, sus altibajos. Los primeros dientes salen, en teoría, en torno a los 6 meses. Generalmente son los incisivos inferiores, esos que les dan esa apariencia tan absolutamente adorable a todos los bebés. Pero lo cierto es que hay pequeños que se arrancan con los dientes a los tres o cuatro meses, y otros que hasta los ocho o los nueve, incluso, no dan señales de empezar a romper la encía. No te preocupes. Esta es una de esas cosas que terminan pasando tarde o temprano, y te enterarás cuando llegue.

Antes de ver el primer diente, tu bebé comenzará a comportarse de manera poco habitual. Verás más lloros, más babas y seguramente intente morder todo lo que pille como un descosido. Estos tres son los principales síntomas de que el proceso de dentición ha comenzado. Vamos a ver en qué consiste, cómo puedes ofrecer alivio y cuáles son los cuidados a tener en cuenta durante esta etapa.

Los primeros dientes

Un buen día, tu bebé empieza a babear. Te extraña, seguramente, porque hasta ahora no es que fuera especialmente baboso. Pero notas cómo estos últimos días tiene la barbilla constantemente mojada, e incluso le tienes que poner un babero para que no se le empape la pechera del pijama o la camiseta. A esto se le suma que se lleva todo a la boca. Da igual lo que sea: sus deditos, tu mano, incluso si lo tienes en brazos puedes notar cómo te intenta mordisquear el hombro, frotando sus encías contra ti.

Aunque lo peor llega por la noche. Quizá ya estabas acostumbrada a algunos despertares para mamar o tomar el biberón, pero ahora, cuando se despierta, lo hace llorando desconsolado y cuesta calmarlo un buen rato. Quizá incluso no quiera ni mamar ni el biberón ni ningún otro consuelo que el de tus brazos.

Tenemos todos los elementos puestos encima de la mesa. Tu bebé ha comenzado a «enseñar los dientes» y hasta que los primeros asomen de verdad, te esperan unos cuantos días —puede que semanas— de molestias. En esta primera etapa hay varios puntos importantes a tener en cuenta. El primero es que es posible que tu peque pierda algo el apetito. Esto es debido a que las encías suelen inflamarse, presentan cierta rojez y registran hasta algo más de temperatura. Así, todo lo que sea introducir alimentos en la boca les cuesta y tratan de evitar el contacto directo si les duele. Es habitual y frecuente.

Intenta ofrecerle alimentos fríos que puedan aliviarle —si tiene ya más de seis meses—. Por ejemplo, los polos de leche materna son una auténtica gozada y puedes ofrecérselos aunque todavía no hayáis comenzado la alimentación complementaria. Y si ya toma sólidos, puedes probar a darle palitos de fruta congelada o muy fría. La temperatura le calmará la molestia y, de paso, aprovechas para que coma un poquito.

Nada de geles y mucho ojo con los mordedores. Los geles para las encías no están nada recomendados desde hace un tiempo y en el caso de los mordedores, que podemos meter un rato en el frigorífico para ofrecerles ese mismo alivio del que hablábamos con la comida, tenemos que tener muchísimo cuidado con que estén libres de todo tipo de químicos. Una opción segura que cumple con todos los reglamentos establecidos y protocolos de seguridad son los mordedores de NUK, diseñados para que podamos refrigerarlos un rato y que, cuando se los demos al peque, pueda aprovechar ese frío tan calmante.

Para lidiar un poco mejor con el babeo, puedes utilizar los chupetes Space de NUK. Su diseño está pensado para cuidar al máximo la piel del bebé, con orificios de tamaño extra grande que permiten una mejor aireación —algo fundamental para evitar irritaciones por el exceso de saliva— y una tetina de silicona basada en la forma del pezón materno durante la lactancia.

Y por las noches… paciencia. No hay remedios infalibles. Muchísima paciencia, muchísimos mimos, canciones y mecerlo, muchos brazos y mucho amor. Es un proceso que seguirá su curso y lo mejor que podemos proporcionar a nuestros pequeños es cariño y apoyo para llevarlo lo mejor posible. Si no lo haces ya, plantéate hacer colecho bajo condiciones de seguridad. Los despertares, notándote cerca, serán más breves y quizá incluso menores en cantidad. Y si das pecho, no hay nada como tener una teta que alivie cerquita, calentita y junto a mamá.

Cerramos este apartado con otra cuestión que merece la pena mencionar. No, la salida de los dientes no provoca diarrea ni fiebre en los bebés. Una fiebre alta es sinónimo de que hay algún tipo de proceso en el cuerpo de nuestro pequeño y debemos llevarlo al médico para que esté controlado. Y la diarrea puede deberse o bien a una mayor ingesta de saliva o a la introducción de nuevos alimentos (generalmente, la salida de los primeros dientes se da en la etapa en la que comienzan la alimentación complementaria, y por eso puede llegar a confundirse).

¿Cuándo sale cada pieza?

Puede que pasemos el límite de los seis meses y comencemos a preguntarnos por qué nuestro bebé no tiene dientes. Y si ya tenemos alguno cerca para comparar con una buena cantidad de piezas asomando, quizá hasta empieces a preocuparte. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero de verdad, no lo hagas. No te obsesiones. Seguro que ya lo has descubierto: tu bebé sigue su propio ritmo. Para todo. Para comer, para dormir, para estar despierto, para moverse… No es comparable a ningún otro y no sigue unos raíles ni un manual de instrucciones. Así que respira, los dientes llegarán.

Los primeros, de los que hablábamos anteriormente, son los incisivos inferiores. Eso harán su aparición estelar entre los 6 y los 10 meses y, seguramente poco después, entre los 9 y los 12 aparecerán los incisivos superiores. A estos les acompañarán, en fechas similares, los dos incisivos laterales de arriba, mientras que los de su contrapartida inferior no saldrán hasta pasado el año.

Con estos ocho dientes ya fuera, lo siguiente será ver las primeras muelas. Los molares superiores e inferiores se muestran ya pasado el año, entre los 13 y los 19 meses. A los primeros molares les siguen los segundos, rondando los dos años, entre los 23 y los 30 meses. Los colmillos llegarán entre medias, alrededor de los 16-17 y los 22 meses, aproximadamente. Así que, como puedes ver, desde que comienza el proceso de dentición hasta que termina pasados los dos años, prácticamente cada pocas semanas habrá alguna pieza nueva dando guerra.

El cuidado de la boca, fundamental

Desde que a tu bebé le salga su primer diente es necesario cepillárselo. Sí, los bebés pueden tener caries e instaurar una rutina de limpieza bucal desde el principio solo tiene beneficios. El Cepillo Dental Inicio de NUK nos ofrece la herramienta que necesitamos para esta parte del cuidado de nuestro bebé. Se trata de un cepillo de cerdas suaves y bordes redondeados para aportar comodidad y suavidad en la limpieza de la boca del peque. Quizá te parezca que un solo dientecillo no merece la pena, pero lo cierto es que es importante que lo limpiemos desde el primer momento.

Para ello, lo más recomendable es utilizar una pasta fluorada de entre 1.000 y 1.450 ppm. Hasta los dos años bastará con que eches nada, lo mínimo en el cepillo, para que sea eficiente y segura. Y a limpiar con delicadeza, sobre todo si estamos en proceso de que otras piezas salgan y sus encías están especialmente irritadas.

Como puedes ver, el proceso de la dentición es otro de esos viajes que tú y tu bebé haréis juntos. Es importante conocerlo bien para saber identificar sus síntomas, ya que llegan mucho antes de que cada pieza haga su aparición, para poder ofrecer el alivio y atención que nuestro hijo se merece. Contar con productos como los de NUK, que siguen las máximas garantías de seguridad, puede ayudarnos en este viaje para el que necesitaremos, además, una buena dosis de paciencia.

Imágenes | NUK