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«Cada niño es un mundo», «cuando lo tengas en brazos, sabrás qué hacer» y, cómo no, el mítico «a mí me funcionaba». Son algunas de las frases típicas y tópicas que rodean a la crianza y que responden a esa aventura incomparable que cada mujer vive cuando se convierte en madre.

Es en ese instante en el que el bebé llega al mundo cuando la madre se percata de que no trae manual de instrucciones y que es a ella a quien corresponde la tarea de descifrar su funcionamiento a partir de la experiencia. Por eso, cada una tiene su propio «manual» confeccionado a base de horas de desvelo e incertidumbre y de resolver situaciones inesperadas de las que nadie le había prevenido.

Para comprender que la crianza a veces tiene mucho de fortuito e inesperado, cinco madres nos hablan sobre los retos y las experiencias más sorprendentes en la crianza de sus bebés y comparten sus trucos para una maternidad más llevadera, especialmente en la etapa de 0 a 3 años.

«Tierra, trágame»

Toda madre vive en los primeros meses de vida de sus bebés momentos incómodos y situaciones abrumadoras que a menudo no se reflejan en los manuales de maternidad ni se recuerdan cuando se quiere dar una versión dulcificada de la misma. Hablamos de esos episodios de llanto inconsolable que tienen lugar en las ocasiones más inoportunas, cuando las madres solo desearían desaparecer sin más.

«Recuerdo el cólico como un llanto muy intenso, repetitivo y agudo, que generaba bastante ansiedad», explica Paula, madre de Guillermo (18 meses). Sin embargo, habla de «grito de desconsuelo» cuando se refiere al lloro que anunciaba que el bebé tenía hambre. También Beatriz, madre de Álvaro (2 años), afirma que «el llanto de hambre era más alto y desesperado», mientras que el del cólico «tenía un sonido más grave y quizá algo más bajo de volumen, pero duradero».

Por su parte, Elena, madre de Simón (5 años) y Lucas (3 años), asegura que tenía bien identificado el lloro por sueño en sus hijos «porque solía ocurrir entre las mismas franjas de tiempo cada día y, tras ello, caían rendidos». Para calmarlos, les mecía en sus brazos hasta que «el llanto iba convirtiéndose en un canto que se hacían a ellos mismos», explica.

Beatriz, recuerda como si fuera ayer una de estas situaciones angustiosas, cuando su hijo menor tenía apenas dos meses. «Coincidiendo con la visita de varios familiares, tuvo un episodio de cólico que no se calmaba de ninguna manera. Recuerdo a todos dando consejos e intentando calmarle. Los consejos son buenos, pero a veces son abrumadores y crean sentimiento de culpabilidad», se lamenta.

ambién Paula, tiene recuerdos «infernales» de la época de cólicos de su pequeño. En concreto, habla de un episodio que duró unas seis horas en casa de los abuelos. «Tuve que llamar a mi tía y a mi abuelo para que me ayudaran a calmarle y no hubo manera. De hecho, fui incapaz de volver a casa con Guillermo en el coche y le tuve que decir a mi marido que viniera», explica.

En cambio, María José recuerda una caótica visita al pediatra con sus dos hijos, Martín (2 años) y Daniela (8 meses): «Justo antes de entrar, mi hija se manchó toda la ropa de caca y mi hijo comenzó a llorar y correr desesperadamente por todo el recinto. Los dos lloraban y yo no daba a basto».

Es en este tipo de situaciones cuando las madres desarrollan sus «superpoderes» para aprender a calmar a sus hijos, aunque con recursos muy diferentes y variados que a veces no funcionan con otros niños.

«Bendito chupete»

De sobra es sabido que el chupete es un accesorio ideal para calmar las necesidades de succión no nutritiva del bebé cuando la madre no puede ofrecerle el pecho o prefiere ganar algo de autonomía.

Es este tipo de succión la que consigue relajar el pequeño e incluso aliviar sus dolores y temores. De ahí que muchas echen mano de esta herramienta para lidiar con lo momentos más difíciles de la crianza buscando modelos que no interfieran en la lactancia y que respeten el desarrollo de los dientes y la mandíbula.

«A mí me ayudó bastante con el pequeño en el coche, porque le daba miedo y el chupete le calmaba mucho esa ansiedad que le entraba al oír el motor», dice Elena. En todo caso, fue un hecho concreto lo que la llevó a dar el paso con el chupete. «Leí en varias publicaciones que el uso de chupete parecía estar relacionado con una menor tasa de muerte súbita del lactante; cosa que me hizo darle un punto a favor cuando al principio era un poco reacia», explica.

Por su parte, Beatriz también ha recurrido al chupete con su hijo pequeño para ganar algo de autonomía: «Si no, era estar todo el día mamando y pegado a mí, y se llenaba tanto que luego lo echaba». Igualmente, María José manifiesta que el chupete la ayudó mucho con su hijo mayor, sobre todo a la hora de sobrellevar los cólicos.

Las tres coinciden, además, en lo práctico de usar cadenitas, fundas y estuches para mantenerlos a salvo del suelo y no perderlos cuando van a dar un paseo. De la misma manera, aconsejan llevar chupetes de repuesto cuando se vaya a salir de casa para tener siempre alguno disponible en caso de que se caigan o ensucien.

La hora de dormir

Cada madre tiene también sus trucos a la hora de dormir a los pequeños, otro de los momentos más delicados y que más frustración causa en la crianza. Los especialistas insisten en recordarnos que el sueño de un bebé no es igual que el de un adulto. Es evolutivo y no es conveniente establecer patrones demasiado rígidos a la hora de decidir cuándo hay un problema.

Dicho esto, no todas las madres se enfrentan a los mismos dilemas en torno al sueño de sus bebés. El pequeño de Paula, por ejemplo, empezó a dormir ocho horas a partir de los tres meses y, desde los siete, que fue cuando dejó el pecho, dormía «casi toda la noche del tirón». Pero no es lo habitual, sobre todo cuando la lactancia se mantiene por las noches.

Por eso Elena se ayudó de los chupetes en el proceso de destete para que los niños «volvieran a coger el sueño». Así, comenta que «fueron un gran aliado, sobre todo cuando el pequeño, ya llegando a sus 14 meses de lactancia, seguía demandando pecho por la noche cada hora y media y a mí se me hacía un suplicio«.   

El olor de mamá

Afortunadamente, hay trucos para dormir a los bebés que sorprenden por lo original y lo efectivo. «Un truquillo que me ayudó cuando les pasé a la cuna fue ponerles prendas de ropa que hubiese llevado días anteriores. El olor de mamá tenía cierto efecto somnífero y se relajaban mucho», confiesa Elena.

Por su parte, María José asegura que utiliza un curioso recurso cuando su hija pequeña, Daniela (8 meses), no consigue dormirse. «La llevo a la cocina, pongo el extractor y la mezo hasta que se duerme», explica.

Aparte de soluciones creativas, clásicos como mecer al niño en el carrito de paseo o en los brazos dando paseos por toda la casa siempre son efectivos, a juzgar por la experiencia de estas madres. Es el caso del hijo mayor de Beatriz y del de María José, para los que la *combinación brazos + chupete es infalible.

Para otros, el sonido del motor cuando van el coche supone una especie de arrullo. Por eso son muchos los padres que recurren a esta salida en casos desesperados. Elena, por ejemplo, recuerda perfectamente el día en el que su hijo mayor, con apenas un mes, vivió un episodio de llanto desconsolado que no eran capaces de calmar hasta que se montaron en el coche y se quedó profundamente dormido.

Un aliado en la alimentación

El consejo de las autoridades sanitarias lo deja bien claro: lo recomendable para alimentar al bebé es la lactancia exclusiva hasta los seis meses y su mantenimiento «hasta los 2 años o más». Pero, a la hora de ponerlo en práctica, las madres se encuentran una serie de trabas. La principal, la incorporación al puesto de trabajo pasados los cuatro meses de baja. Es por ello que muchas recurren al biberón para responder a la demanda del bebé cuando no están en casa.

Por ejemplo, María José señala que «el biberón es muy cómodo para que el padre te ayude, porque la teta es lo mejor, pero nos limita mucho a las madres«. Ella ha usado este accesorio tanto para alimentar a cada bebé con su leche cuando no estaba cerca como más adelante, para ofrecerle la de fórmula o la de vaca.

Otras como Paula, Beatriz o Marta recurren aún hoy al biberón por las noches porque ayuda a sus pequeños a conciliar el sueño mejor. «Le calma y le ayuda a dormir», asegura Paula. Mientras, Marta señala que su hijo Thiago «sigue necesitando el biberón para dormir, ya que no quiere la leche en vaso».

En todo caso, no debemos olvidar que, con cada niño, la introducción del biberón es diferente y encontrar el más adecuado siempre requiere un ejercicio de ensayo y error. Por un lado, probando si prefiere un biberón con tetina de látex o de silicona. Por otro, teniendo en cuenta que hablamos de niños que mantienen la lactancia materna, lo mejor será buscar tetinas con diseños anatómicos que imiten la forma del pezón y cuenten con sistemas anticólico.

En el catálogo de NUK encontramos una amplísima variedad de opciones tanto en materiales utilizado como en diseños que se acercan al pecho materno, como los de la colección Nature Sense de NUK. Eso sí, ya sabemos que la última palabra está en manos del bebé.

Imágenes | NUK, Pixabay / Ben_Kerckx