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Parece algo totalmente natural, ¿verdad? Dar el pecho es algo que nos caracteriza como mamíferas. Si nuestro cuerpo debiera estar diseñado para algo, ese algo sería gestar y amamantar, pero eso no significa que siempre funcione a la perfección, tanto en una cosa como en la otra. Los embarazos pueden presentar mil y una dificultades, y la lactancia no es diferente. Los obstáculos existen y pueden aparecer cuando menos los esperas, por eso es importante saber reconocerlos, afrontarlos y, según qué casos, pedir ayuda a un profesional.

Lo cierto es que, pese a que puedan surgir eventualidades y a veces se nos haga cuesta arriba, hay pocas cosas tan gratificantes como alimentar a tu bebé de tu propio pecho y compartir con él esos momentos maravillosos. Por no hablar de los numerosos beneficios que comienzan desde el primer minuto, con la ingesta del famoso calostro, hasta la edad adulta, pues no son pocos los estudios que apuntan todo tipo de ventajas para la salud de las personas que han sido amamantadas de pequeñas.

Identificar esas dificultades de las que hablábamos es fundamental de cara a que tu lactancia tenga éxito y sea todo lo prolongada que tú (y tu peque) queráis.

La subida de la leche

Una de las primeras dudas que te surgen según tienes a tu bebé (o incluso antes, si eres de las mías y te dedicas a dar mil vueltas a las cosas antes de que pasen) es si tendrás suficiente leche. Aquí es importante desbancar unos cuantos mitos.

Menos de un 5% de las mujeres presentan hipogalactia, que es, literalmente, una baja producción de leche. Suele venir asociada a procesos de hipo/hipertiroidismo, falta de desarrollo del tejido mamario o intervenciones quirúrgicas en el pecho. Como puedes ver, no es algo especialmente habitual. Tampoco la cesárea provoca un retraso en la subida de la leche. Es una creencia bastante extendida y nada más lejos de la realidad.

Para entenderlo mejor, es necesario que sepamos cómo funciona todo. La responsable de desencadenar que tus pechos comiencen la producción de leche a pleno rendimiento no es otra que la placenta. En el momento en que sale de tu cuerpo, los niveles de progesterona comienzan a descender. Esta bajada trae como consecuencia un aumento en la secreción de prolactina, una hormona que se encarga de que tus pechos produzcan y que te acompañará durante toda la lactancia.

Como puedes ver, la cesárea no hace que se retrase la subida de la leche. Aunque, como todo en esta vida, hay un pero. Uno bien grande.

Seguramente conozcas lo que se llama «hora dorada» o «sagrada». Es la primera hora tras el nacimiento de tu bebé. Durante este periodo, tiene todos los instintos en alerta con un único fin: llegar hasta tu pecho para estimularlo y ponerlo a producir. El problema de los protocolos de muchos hospitales es la separación entre madre y bebé en casos de cesárea. Si tienes suerte, sólo serán unos minutos en lo que terminan las suturas. Si no la tienes, puede alargarse varias horas.

No desesperes, puedes recuperar el tiempo perdido. Si hay algo que siempre funciona para tener leche, es poner al bebé a la teta. Mano de santo. Nuestro cuerpo, al final, es sencillo. A mayor estimulación, mayor producción. Así que nada de poner horarios: dar el pecho a demanda es la mejor herramienta para una buena producción.

Problemas de agarre

Los problemas de agarre son una de las grandes dificultades que nos encontramos en la lactancia. Por suerte, los profesionales cada vez están más y mejor documentados para identificarlos.

Hay varios problemas de agarre pero la mayoría se manifiestan de dos formas: o bien causan las tan temidas grietas en el pezón o el bebé no sube de peso lo esperado. De hecho, suelen ir de la mano. Si un bebé te hace herida mamando, es porque el agarre es incorrecto y no logra extraer la leche que necesita. En este caso, es importante que lo valore un especialista, sea un pediatra con una buena formación en lactancia o una asesora de lactancia titulada y con experiencia.

Si se trata de una cuestión de posición, la solución es fácil. Parece algo obvio, pero debes estar cómoda o no tendrás éxito. Si estás tensa o colocada de forma extraña, casi seguro que no lograrás un buen agarre. Lo mejor que puedes hacer es experimentar.

No te preocupes, tu bebé tiene una capacidad de adaptación que ni te imaginas. Prueba distintas posturas y verás cómo, en cuanto des con la más cómoda, lo notas. Una buena opción es que intentes la postura biológica: tumbada, algo recostada, coloca a tu bebé sobre tu barriga y deja que encuentre el pecho poco a poco. De esta forma, echará la cabecita hacia atrás, abriendo bien la boca, y tu pezón quedará a la altura de su nariz/labio superior, bien pegadito al pecho. Son algunas de las claves más importantes para una toma de éxito y tu peque se encargará de cumplir por los dos.

Si no es por posición, hay que entrar a valorar cuestiones anatómicas, como el frenillo (sublingual o sublabial) o la malformación de la mandíbula conocida como retrognatia. Obviamente, la intervención de un profesional sanitario de confianza será clave en la valoración.

El cuidado del pecho

En plena vorágine del puerperio, volcadas como estamos por completo en nuestro bebé, es muy posible que nos olvidemos de que nosotras también necesitamos algunos cuidados. Y si queremos una lactancia de éxito, es importante evitar, en la medida de lo posible, que surjan problemas que afecten a nuestra salud.

Es difícil librarse de las grietas. Son heridas bastante persistentes y, al ser una zona que tendrás en constante uso, puede ser tedioso que curen de una vez. Siempre ha habido consejos en torno a esto, pero los últimos estudios hablan de que lo mejor que puedes utilizar para curarlas es un poco de aceite de oliva y mantener el pecho al aire todo lo que puedas para que sequen bien. Si tienes que salir a la calle, recurre a discos de lactancia suaves como los de NUK, que mantendrán tu pecho seco —fundamental en este momento— y protegido del roce.

Las cremas solo maceran las heridas y aplicar unas gotas de tu propia leche, si hay infección, tiene todas las papeletas de hacer que empeore. Lo que realmente ayudará a que tus grietas vayan desapareciendo es que tu pequeño mejore su agarre. Cuando lo haga, dejará de rozar la zona y verás cómo cicatrizan muchísimo más rápido.

En otras ocasiones, un problema de agarre puede causar que el pecho no se vacíe bien y se den obstrucciones o mastitis. Las primeras son más fáciles de solucionar, pero si no se hace, suelen derivar en las segundas. Una obstrucción es, básicamente, un conducto galactóforo taponado y suele venir provocado porque no se drena bien el pecho.

Si no atendemos a esa obstrucción mediante masajes, duchas de agua caliente para ablandarla y poniendo al bebé a mamar con la barbilla dirigida hacia la obstrucción —la notarás, es un pequeño bulto—, puede aparecer fiebre, así como enrojecimiento e inflamación del pecho… y la mastitis. Ahí será necesario que acudas a tu médico para que te recete el antibiótico que considere más oportuno y controle la evolución de la infección. Además tu bebé tendrá una labor esencial en la recuperación: mamar de ese pecho como si no hubiera un mañana.

Drenarlo bien es la mejor manera de ayudar a la mastitis a desaparecer. Pero puede ser que te resulte demasiado doloroso —si ya la has vivido, sabrás de lo que hablo—. Tanto si es por esto como si es porque las grietas no te dan tregua y quieres parar un poco, puedes poner a tu bebé a mamar del otro pecho y mientras extraerte leche con un sacaleches, como el eléctrico Nature Sense de NUK. Tiene un total de 8 ritmos y grados de succión que te permitirán encontrar el que más cómodo te resulte en cada momento de la extracción.

Ten en mente que no saldrá la misma cantidad que cuando mama tu peque, pero es posible que te resulte menos doloroso, sobre todo si tienes grietas. También puedes probar a utilizar pezoneras que ayuden al agarre, pero siempre es mejor que lo hagas con la asistencia de una asesora de lactancia que te indique bien cómo y cuándo utilizarlas. Las pezoneras de NUK, por ejemplo, están fabricadas con una silicona muy fina con la finalidad de no interferir con el agarre, y te darán un respiro.

Toca volver al trabajo

Si has llegado hasta aquí, enhorabuena. Porque, de verdad, superar los cuatro primeros meses de lactancia no es cosa baladí. Pero llega el momento de volver a trabajar y te haces la misma pregunta que nos hacemos todas: ¿puedo mantener la lactancia materna?

La respuesta es sí, desde luego. Pero cuesta un poquito. En primer lugar, organiza un horario para poder extraerte con tranquilidad en el trabajo. Llévate una prenda usada de tu bebé —el olor pondrá en marcha tus hormonas como nadie—, una foto suya o algún vídeo en el que salga él. Hacerlo «a pelo», por así decirlo, será mucho más complicado.

Almacenar la leche materna no tiene misterio. Puedes utilizar las bolsas de conservación de leche materna de NUK, que tienen la ventaja de ocupar mucho menos que un bote y puedes congelarlas sin problema. Además, llevan un doble sistema de cierre que evita pérdidas —porque no veas la rabia que da cuando tienes alguna fuga, con lo que cuesta sacarla—.

Conservar la leche que te has extraído también es sencillo. Puedes tenerla a temperatura ambiente entre 4-6 horas (a unos 20-26º; si es más, mejor directa al frigorífico); hasta 3-8 días en el frigorífico dependiendo de su potencia; y entre 6 y 12 meses en el congelador, también dependiendo de qué temperatura alcance. Cuidado porque no son acumulativas. Si ya has tenido la leche a temperatura ambiente 6 horas, no podrás meterla al frigorífico y dejarla una semana allí.

Y cuando quieras utilizarla, solo tienes que sacar la bolsa del congelador y meterla al frigorífico, o en un poco de agua caliente hasta que esté a temperatura ambiente. No hace falta calentarla y menos al microondas, ya que calienta de forma poco uniforme y, si nos pasamos, podemos matar todas las propiedades.

Para dársela al bebé hay varias opciones y tú eres quien decide cuál se adapta mejor a vuestras necesidades. Si recurres al biberón, busca tetinas ergonómicas como la Nature Sense de NUK, con un diseño que trata de que tu pequeño no encuentre demasiadas diferencias entre mamar y tomar biberón. Tiene válvula anticólico para evitar que el pequeño trague aire durante la toma, y múltiples orificios que buscan simular el pecho y el flujo de la lactancia materna.

Como habrás visto, la lactancia es fácil solo en teoría. Pero si hay algo por lo que merezca la pena superar todos los obstáculos es esto. No solo porque le estás haciendo un regalo para toda la vida, también estás haciendo algo que para ti será una de las experiencias más gratificantes, abrumadoras, maravillosas y únicas de tu vida.

Imágenes | Facebook de NUK, iStock/jgaunioniStock/lolostockiStock/golubovy