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La hora del baño es uno de los momentos más esperados por los padres cuando un recién nacido llega a casa. Sin duda, es un ritual mágico y lleno de expectativas, muchas de ellas, más relacionadas con la ficción que con la realidad. Porque, llegado el momento, y especialmente si hablamos de padres primerizos, la tarea puede resultar abrumadora.

¿Cómo sujetamos al bebé? ¿Cuántas personas hacen falta para bañarlo? ¿Cómo acertar con la temperatura que necesita? Son algunas cuestiones que nos preocupan a la hora de enfrentarnos a ello con un recién nacido entre los brazos. Y nada mejor que despejar dudas para dejar las preocupaciones atrás y disfrutar de un momento tan inolvidable para los padres.

¿Cuándo bañar al bebé?

Es muy común la recomendación de bañar a los bebés por la noche con el objetivo de que se relajen con el ritual y esto les ayude a conciliar mejor el sueño. Pero, a la hora de la verdad, el baño puede no resultar tan relajante para muchos niños, especialmente en sus primeros días de vida. De hecho, muchos padres comprueban cómo su bebé se enfrenta con temor e inseguridad a la hora del baño, que se convierte en un festival de llantos y gritos desencadenando un efecto estimulante en el pequeño, todo lo contrario a lo que se quería conseguir.

¿Cuál es la mejor hora para bañar al bebé entonces? Pues si nuestro retoño realmente disfruta del momento y consigue relajarse, esperar a la noche puede ser lo ideal, de cara a favorecer el sueño nocturno. Pero mientras el baño no le agrede ni tranquilice, no hay problema en escoger cualquier otro momento del día, cuando más convenga a los padres.

Eso sí, hay quienes solo pueden dedicar ese tiempo a los niños durante la noche, una vez han terminado su jornada laboral. No olvidemos que el momento del baño suele ser una especie de ceremonia que pocos padres quieren perderse, sobre todo en el primer año de vida de sus criaturas.

En cualquier caso, lo más importante de todo es establecer una rutina más o menos fija, que encaje bien en los horarios familiares y en las costumbres del bebé, para así promover que el pequeño vaya adaptándose al ritmo de vida de su entorno.

¿Antes o después de la toma?

Si el bebé suele dormirse tras las comidas, es recomendable que el baño se realice antes, sin apurar demasiado para que no llegue a sentirse hambriento en medio del proceso. En este sentido, es imprescindible saber interpretar las señales del niño.

En cambio, si ya no se queda dormido al final de las tomas, también podemos dejar el baño para después, aprovechando el cambio del pañal. Puesto que el agua de la bañera del pequeño debes estar templada, no debemos preocuparnos por los temidos cortes de digestión, que están relacionados con contrastes de temperatura extremos.

Ten en cuenta que su piel es muy delicada

En realidad, el baño diario responde más a una rutina de los padres que a una necesidad de higiene. Es más, el abuso podría resultar contraproducente para la protección natural de su delicada piel y hacerlo más vulnerable a erupciones y eccemas.

Así, el baño diario no será necesario hasta aproximadamente el año, cuando el crío ya es capaz de desplazarse por sí solo para explorar su alrededor, con la exposición a la suciedad que eso implica. Hasta entonces, tres o cuatro veces por semana serán suficientes siempre que se limpie a diario la zona del pañal para eliminar los restos de orina, heces y sudor que se acumulan en esta zona.

Llega el momento mágico ¿tenemos todo preparado?

A la hora de preparar el baño del recién nacido, hemos de echar mano de muchos de esos productos y accesorios que nos han ido regalando familiares y amigos de cara al nacimiento. Entre los imprescindibles, el termómetro para comprobar la temperatura del agua, las esponjas, preferiblemente vegetales e hipoalergénicas como esta de NUK para respetar la piel del bebé. También los jabones para el cuerpo y el pelo, que han de ser neutros y específicos para bebé. Y, por supuesto, una toalla o capa para secarlo bien.

Ya en el cambiador, además de los pañales y la pomada, tampoco debe faltarnos un cepillo de pelo con cerdas extrasuaves, así como unas tijeritas con puntas redondeadas para mayor seguridad. También conviene tener a mano unas gasas y alcohol para limpiar la zona del cordón umbilical, así como un aspirador nasal y unos envases monodosis de suero por si necesitásemos limpiar la nariz o los ojos del peque.

Cómo hacer el baño relajante y seguro

Antes de nada, comprobaremos que el agua se encuentra a la temperatura óptima. Esto es, la temperatura corporal: entre 34 y 37 grados. El «viejo método» es usar el codo, pero desde luego un termómetro para baño nos va a dar la cifra exacta.

Una vez que el agua está en su punto, meteremos a nuestro pequeñín en la bañera. La posición más segura es boca arriba, pasando el antebrazo por su nuca y sujetando con esa mano el brazo más lejano. De esta forma, mantendremos la parte superior de su cuerpo fuera del agua y a la vez tendremos una mano libre para manejar la esponja. También podemos servirnos de una hamaca en la que colocar al bebé con mayor comodidad y tener ambas manos libres.

Con ayuda de la esponja, podemos ir mojando y enjabonando las diferentes partes del cuerpo, comenzando por su cabeza y terminando por la zona del pañal. La cara se puede limpiar con suaves pasadas con la esponja humedecida y sin jabón, para no dañar sus ojos. La misma esponja nos servirá para ir aclarando cada zona, aunque también podemos usar las manos.

Sin dejar que el agua se enfríe, sacaremos a la criatura y la envolveremos con la toalla para llevarla al cambiador. Allí nos cercioraremos de que secamos bien su piel, poniendo especial atención a lo pliegues, que podrían irritarse si quedan húmedos. Si lo deseamos, podemos realizar un masaje corporal con crema o aceite y, luego, aplicar la pomada y colocar el pañal limpio.

Por último, llega el momento ideal para cortar las uñas ya que las tendrá reblandecidas. No obstante, siempre es mejor posponerlo si el pequeño está alterado o disgustado por el baño.

Como veis, con una sola persona es perfectamente posible bañar al recién nacido con tranquilidad. Ahora, no seremos nosotros quienes dejen fuera a uno de los progenitores, la decisión de tener dos o cuatro manos en este ritual está en el terreno de los papás.

Errores frecuentes que debemos evitar

Nadie duda de que la hora del baño es un momento especial, pero también complicado, ya que intervienen muchos factores que nos pueden llevar a cometer errores, sobre todo al principio, cuando aún es recién nacido y, por tanto, muy vulnerable.

Ni frío ni calor ni corrientes

Por ejemplo, la temperatura del agua siempre supone para los padres un quebradero de cabeza. Como apuntábamos, lo ideal es que esté entre los 34 -37º, por lo que lo mejor es recurrir a un termómetro de baño que garantice que se encuentra entre esas cifras. Además, conviene no demorarse mucho en el proceso, ya que el agua perdería temperatura y el niño podría enfriarse.

La temperatura corporal del bebé es muy sensible a los cambios, especialmente durante los primeros meses de vida. Por ello, hay que evitar colocar la bañera en corrientes de aire, por leves que puedan parecer. Igualmente, para evitar enfriamientos la mejor opción llenar el vaso de la bañera al completo, de modo que el cuerpo del pequeño esté sumergido y pueda mantener su temperatura constante. Asimismo, los grados de la habitación no deben caer por debajo de 24º para que el ambiente sea confortable.

La importancia de tener todo a mano

Muchos padres tienen alguna vez la tentación de dejar solo al bebé en el baño para coger algo que han olvidado. Sin duda es un error que puede tener consecuencias fatales. Nunca se debe dejar solo al pequeño en la bañera, aunque esté colocado sobre una hamaca o su hermanito mayor se quede «al cuidado».

Para evitar este tipo de tentaciones, es necesario evitar otro error frecuente: no preparar los accesorios previamente. Indispensables serán, al menos, la toalla, el jabón neutro y una esponja antes de meter al niño en el agua.

En cuanto a la higiene, hay que apuntar dos errores recurrentes. Por un lado, no limpiar la zona del pañal antes de meterlo en la bañera. Con esta mala práctica, el agua se «contamina» y resulta poco salubre. Por otro, asear primero con la esponja la zona del culito y los genitales. Previsiblemente, será la más sucia, con lo que conviene dejar esta parte para el final.

Por último, conviene recordar que no es necesario frotar con la esponja la piel del pequeño, tan solo hay que acariciarla suavemente. Ni la costra láctea que permanece en la cabeza de muchos bebés los primeros días de vida ni la zona del cordón umbilical, ya que irán desprendiéndose mediante un proceso natural.

Una vez tenemos la teoría clara, solo nos queda experimentar en primera persona lo que se siente al bañar a nuestro recién nacido por primera vez y guardar esas instantáneas en la retina, porque nunca se repetirán.

Imágenes: Unsplash /LubomirkinUnsplash / Filip MrozSean Roy, Pixabay / Pavelkraus