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Es un temor que planea sobre las mentes de los padres cuando el bebé está a punto de llegar. Sobre todo si ya han tenido experiencias previas con otros hermanitos. Todos hemos tenido noticias de casos cercanos que han puesto en jaque a familias enteras sin razón aparente. Hablamos del temido cólico, un llanto desesperado de origen desconocido (por el momento), pues no responde a las demandas habituales en el bebé. De ahí la dificultad de los padres para entender qué le está pasando al pequeño y la frustración por no poder calmar su lloro, que resulta descorazonador.

Precisamente, el hecho de que estos episodios de llanto se repitan cada día, casi a la misma hora y sin posibilidad de consuelo es lo que desconcierta a los padres y causa preocupación en los hogares. Ni siquiera recursos como ofrecer el pecho (por lo general, el máximo consuelo que puede recibir) o mecerlo en los brazos sirven ante los cólicos.

¿Cómo identificar un cólico?

Los pediatras utilizan la regla de «Los 3 de Wessel» (apellido del especialista que describió el fenómeno por primera vez) para identificar el llanto por cólico y diferenciarlo de otros:

  • Suele durar alrededor de tres horas.
  • Tiene lugar al menos tres veces por semana.
  • Los episodios se prolongan más de tres semanas.

Asimismo, estos episodios suelen manifestarse antes del tercer mes de vida (generalmente, a partir de las dos semanas) y tienen lugar casi siempre a última hora de la tarde, cuando el bebé está más cansado por la acumulación de estímulos recibidos al largo del día.

Por otra parte, el llanto del cólico se diferencia del normal por su intensidad y volumen, que transmiten un estado de irritabilidad y nerviosismo anormal en el pequeño. Es además, como decimos, un desconsuelo que no puede calmarse con los recursos habituales (pecho, biberón, chupete, brazos, cambio de pañal, etc.). Se trata, por tanto, de un llanto inconsolable que a menudo causa un profundo sentimiento de impotencia en los padres.

Otro de los signos visibles que pueden ayudarnos a identificar el cólico del lactante es la contracción muscular, perceptible sobre todo en la zona abdominal del pequeño. Es un síntoma que nos permite detectar que algo no va bien.

Cómo y por qué se produce

El llanto típico del cólico lactante se produce de forma abrupta, sin causa aparente (o, al menos, que los padres puedan identificar) y se caracteriza por tener un principio y un final repentinos que no dejan lugar a dudas.

Aunque se sospecha que son episodios muy frecuentes entre los bebés, las cifras de niños con este problema varían entre el 8% y el 40%, debido sobre todo a la falta de criterio en el diagnóstico. Y, de hecho, a día de hoy se desconoce su causa, si bien se barajan varias teorías que no han podido demostrarse con estudios completos y controlados que ofrezcan una respuesta clara.

Las técnicas de alimentación del bebé podrían influir en la aparición de cólicos, sobre todo en lo relacionado con la deglución de aire

Por un lado, los cólicos podrían verse motivados por molestias gastrointestinales relacionadas con intolerancias o la propia falta de madurez del intestino. En segundo lugar, las técnicas de alimentación aplicadas con el bebé podrían tener relación, sobre todo en lo relacionado con la deglución de aire (bien por una postura incorrecta en la lactancia o bien por el uso de biberones no diseñados para evitar la ingesta de aire). Por último, también se considera que el cólico podría ser una respuesta a la acumulación de estímulos en el bebé, que se transforma en cansancio e irritabilidad al final del día, cuando se produce el episodio.

Por otra parte, cabe desterrar el mito de la alimentación materna como posible causa de los cólicos. Y es que no se ha podido demostrar que lo que come la madre afecte al lactante a nivel gastrointestinal, a excepción de los casos de alergia a la proteína de la leche de vaca, que mejoran con la dieta.

¿Cuándo se acaba con esta pesadilla?

Cabe señalar que cuando se «diagnostican» los cólicos, se entiende que hablamos siempre de bebés sanos, sin ningún tipo de problema que pueda convertirse en causa de las molestias que parece sufrir. En estos casos, las escenas de llanto inconsolable suelen desaparecer a partir de los 3-4 meses, coincidiendo con la maduración del sistema digestivo.

De hecho, el doctor Harvey Karp propone en su teoría del «cuarto trimestre» que los cólicos son parte necesaria del proceso extra de adaptación que necesita el bebé fuera del útero. Por eso, pasado ese cuarto trimestre de «gestación» necesaria, el bebé madura y se producen grandes cambios en su comportamiento, entre los cuales está el cese de estas tardes desesperantes.

¿Se pueden evitar los cólicos?

Si bien no existe una causa definida para el cólico y, en consecuencia, un tratamiento universal eficaz, los padres sí podemos probar diferentes medidas para evitarlo en lo posible y atenuar sus efectos. Así, teniendo en cuenta los posibles factores que los pediatras barajan como causantes de estos episodios, podemos recurrir a las siguientes medidas:

  • Vigilar la técnica de alimentación: por un lado, revisando el agarre del bebé al mamar, para descartar posturas incorrectas que estén favoreciendo la aparición de gases. Por otra parte, en caso de que se estén usando biberones para alimentar al bebé (ya sea con leche materna o artificial), es recomendable recurrir a tetinas con sistemas anticólico que impidan la deglución de aire durante la succión. Es el caso de las tetinas de NUK, que facilitan una toma sin pausas para prevenir los cólicos. Así, este tipo de tetinas permiten que pase el aire impidiendo que se cree un vacío en el interior como consecuencia de la succión.

  • Limitar los estímulos: si tenemos en cuenta la posibilidad de que sea la hiperestimulación lo que irrite al bebé y le haga sufrir estos malos ratos al final del día, podemos restringir los estímulos que recibe durante la jornada. De esta forma, rehuiremos las grandes reuniones de amigos y familiares en las que el bebé pasa de mano en mano, así como acudir con él a ambientes bulliciosos, por ejemplo. Además, conviene evitar que el pequeño sienta ansiedad por parte de los padres (que pueden llegar a verse muchas veces sobrepasados en esta primera etapa).

  • Probióticos: en la actualidad, los pediatras suelen aconsejar probióticos como el Lactobacillus reuteri para aliviar los cólicos puesto que estudios recientes han demostrado cierta eficacia.

  • Infusiones: si bien las opciones comerciales no resultan muy recomendables por su alto contenido en azúcar, es posible que el especialista recomiende dar infusiones al bebé. En ese caso, podemos recurrir a los preparados caseros y probar si mejoran los episodios. Hablamos de infusiones como la manzanilla, el regaliz, el hinojo o la melisa.

  • Dieta de lácteos: en el caso de que se manifiesten otros síntomas y los padres y el especialista sospechen que puede tratarse de una alergia a la proteína de la leche de vaca, será necesario comprobar si los síntomas cesan al eliminar los lácteos de la dieta materna. Si se trata de un bebé alimentado con leche artificial, el pediatra puede prescribir el cambio a una fórmula hipoalergénica.

  • Los masajes: son otro de los recursos útiles para ayudar al bebé a expulsar gases. Pero no cualquier tipo de masaje. Lo mejor es que los padres se asesoren de la mano de un fisioterapeuta con experiencia en el terreno.

En medio de la tempestad, busca la calma

El poder calmante de la succión es el primer recurso del que podemos echar mano en estos casos. Ya sea mediante el pecho o un chupete como estos de NUK que imitan el pezón de la madre en látex o silicona, la succión no nutritiva puede llegar a calmar al bebé o, al menos, distraer su sufrimiento.

También podemos recurrir a la postura anticólico para intentar apaciguar al pequeño. Según Armando Bastida, enfermero de pediatría, «es toda aquella en que se coge al bebé sujetando su abdomen, ejerciendo una mínima presión». Por ejemplo, acostado boca abajo sobre un brazo de la madre o el padre.

Los paseos pueden tener un efecto positivo a la hora de aliviar estos cuadros de llanto descontrolado. Bien en el carrito de paseo o en el coche, el movimiento calma al bebé y favorece su descanso. También podemos probar a mecerlo en una hamaca o en los brazos.

Por ultimo, no debemos olvidar que el cariño en esos momentos es fundamental. Si hay algo capaz de prevenir y mitigar las molestias en un bebé, es el contacto directo permanente con sus padres, ya sea a través del porteo, el pecho o el simple acto de mecerlo entre los brazos. En definitiva, en estas situaciones tenerlo en brazos para que el pequeño se sienta en un entorno seguro y afectivo repercute positivamente en su estado general.

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