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Tras un baño relajante, después de poner el pijama a tu pequeño entre nanas, evitando sobresaltarlo y esperando a que caiga rendido en la cuna, descubres que ha desaparecido su muñeco preferido. ¡Horror! De pronto, te ves pasando la noche entre llanto y llanto y buscando un peluche sustituto a toda prisa para calmarle, aunque sabes que será una odisea. ¿Se ha podido caer del carrito en el paseo de la tarde? ¿Lo olvidamos en el coche?

Como padre o madre es muy probable que hayas vivido una situación así y sufrido un ataque de nervios pensando en cómo salir del paso. Su obsesión por ese juguete o chupete favorito tiene una explicación, y también hay algunos pequeños trucos para evitar pasar un mal rato.

Por qué le acompaña a todas partes

Un peluche, la almohada, un trapito, el biberón o, por supuesto, su chupete favorito puede ser un objeto especial e irremplazable para un bebé. Es su objeto de apego, algo que le recuerda a sus papás, con lo que se siente seguro y querido, como en casa. Es algo importantísimo para él, de lo que no se quiere despegar, que le ayuda a superar sus miedos, sobre todo ante los cambios.

Este objeto de apego, o también llamado objeto transicional, es importante en momentos claves para el bebé: cuando necesita consuelo y cuando debe afrontar situaciones nuevas o cambios, como el comienzo del curso, cuando empieza a dormir solito, en la retirada del pañal…

La realidad es que el peluche del que no se despega tu bebé es una fuente de placer y seguridad cuando los padres no están cerca. Su textura suave (sobre todo en el caso de peluches y arrullos) y su olor, tan familiar y cercano, le recuerda inmediatamente a su hogar.

En niños más mayores, les da seguridad, porque a través de este objeto crean un mundo intermedio entre él y la realidad. Es decir, es un objeto real pero que en su imaginación tiene una significación más poderosa, de ahí que se le llame objeto transicionalAyuda al niño en la transición de la dependencia absoluta hasta sus primeras experiencias de independencia. Además, le ayuda a relacionarse con otras personas.

Quizá hayas notado que alrededor del octavo mes de vida del bebé este objeto tiene una importancia crucial y que tu pequeño no se quiere separar nunca de él. En esta etapa, conocida como “la angustia del octavo mes”, el bebé comienza a darse cuenta de que es una persona separada de su madre. Es un proceso de independencia complicado en el que se puede sentir desprotegido.

En ese momento, el muñeco termina sustituyendo, en cierta manera, a la madre o a la figura de apego: le da apoyo, lo calma y lo consuela en muchos momentos.

¿Cómo debe ser el objeto de apego?

El objeto de apego es algo que ellos mismos eligen, y a veces no tiene por qué ser el muñeco más nuevo ni el último regalo especial que le han hecho. De hecho, muchas veces es un trapito viejo o algo que nos sorprende.

Sea como fuere, se recomienda, por supuesto, que se trate de un objeto seguro. Es decir, que no contenga piezas de pequeño tamaño, mecanismos que puedan desprenderse ni pilas. Si es un objeto textil, es mejor que esté hecho de materiales naturales como el algodón y que sea hipoalergénico. Y si es lavable, mucho mejor (aunque tengamos que hacerlo cuando nuestro bebé esté distraído).

Muchos pequeños no crean ningún vínculo tan fuerte con un solo objeto. Esto es algo de lo que no hay que preocuparse. Otros, en cambio, se aferran de esa manera únicamente a su chupete.

El chupete, ese talismán

En la cultura anglosajona se llama al chupete pacifier o pacificador. Y no es para menos: este objeto adorado por los más pequeños se utiliza para la succión no nutritiva. Ese sencillo gesto es capaz de aplacar el llanto o la rabieta, calmándoles de forma instantánea. Pero, además, ayuda a conciliar el sueño al bebé y su uso previene el síndrome de muerte súbita del lactante, la temida “muerte en la cuna”.

También el chupete debe ser seguro para nuestro bebé. De este modo, sus materiales han de ser resistentes, antialergénicos y estar libres de sustancias tóxicas. Es aconsejable que la tetina sea flexible y ergonómica para adaptarse a la forma del paladar del bebé. Igualmente, su tamaño tiene que ser adecuado y proporcionado al chupete, teniendo en cuenta sobre todo la edad del pequeño.

Por su parte, el escudo no debe separarse de la tetina, y debe estar preparado para una fuerte tracción. En el caso de que el chupete tenga anilla (algunos de los chupetes de NUK no lo llevan para proteger mejor la cara del bebé), debe estar bien sujeta al escudo.

Además, es conveniente que incluya al menos dos orificios de ventilación para ayudar al bebé a respirar e impedir la obstrucción de la saliva que acaba irritando la delicada piel del crío (provocando enrojecimiento y granitos).

En este sentido, el nuevo chupete Space de NUK ha sido especialmente desarrollado para proteger la piel exhibiendo unos orificios extra grandes que permiten la circulación del aire. Su tetina es de silicona y su diseño recrea el pezón de la madre durante la lactancia, con una forma plana y suave y un cuello delgado y estrecho.

Siempre hay que mantener una correcta higiene para que sus materiales no se estropeen pronto. Para limpiarlos, basta con hervirlos durante unos minutos para eliminar los gérmenes, más aún cuando se caen al suelo. En estas ocasiones, sobre todo fuera de casa, puede salvarnos el tener otro chupete de recambio.

Mientras el peque no los esté utilizando, es preferible meterlos cuando están completamente secos en un recipiente limpio, seco y tapado. Si conservas bien los chupetes, podrás alargar su vida.

Para ello, es especialmente práctico llevarlos en un estuche cómodo, como el portachupetes higienizable de NUK para dos unidades, que además sirve para limpiar el chupete de forma sencilla y rápida, algo muy útil si nos encontramos en otra casa o en un restaurante. Simplemente hay que echar un chorrito de agua al portachupetes (menos de 20 ml de agua) y calentarlo en el microondas durante 4 minutos a una temperatura de entre 360 y 500 w.

Por otro lado, evita los chupetes heredados (no son seguros) y deséchalos ante la mínima duda (marcas de mordeduras o desgarros).

Podemos (intentar) evitar perderlo

Si has leído hasta aquí, te habrás dado cuenta de que tomar una serie de pequeñas precauciones para evitar que su muñeco preferido o su querido chupete se pierda te ahorrará un buen susto.

Si es posible, intenta tener dos objetos exactamente iguales. Pero cuidado, procura intercambiarlos habitualmente para que se desgasten de igual manera y mantengan el mismo olor. Te sorprenderá descubrir que los bebés son capaces de darse cuenta de que les has dado el cambiazo de su chupete favorito o que su peluche de siempre es sorprendentemente nuevo.

No dudes tampoco en ponerle una etiqueta con un contacto por si se pierde, si es posible. Comprueba siempre que lo llevas contigo y, en los paseos, trata de atarlo de alguna manera al cochecito o la sillita de bebé con una cinta o cuerda. Este truco es especialmente valioso en la fase en la que los más pequeños investigan tirando objetos al suelo desde la cuna, su trona o cualquier superficie alta. En los chupetes, sujétalos con cadenitas que no sean demasiado largas y se puedan enredar peligrosamente con ellas.

Con estos consejos, evitarás el disgusto de perder su objeto de apego y ayudarás a tu bebé a construir una relación sana y segura con el mundo.

Imágenes | iStock/tatyana_tomsickovaPixabay/Pexels, Snapwire/Pexels, Rawpixels/Pexels, NUK