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La llegada de un nuevo bebé no solo altera la armonía de la vida de los padres. Cuando todo gira en torno al primogénito en la familia, cambiar esa rutina de atención y necesidades puede ser doloroso para todos, pero sobre todo para el que va a convertirse en hermanito mayor.

Porque si tenemos en cuenta lo difícil que le resulta a un niño pequeño compartir con otros su juguete preferido cuando está en el parque, podemos hacernos una idea del trance que supone para él compartir el amor de sus padres las 24 horas. Especialmente en lo que se refiere a la atención de su madre, que ahora debe dedicar buena parte de su tiempo al recién nacido.

Y es que el nacimiento de un nuevo hermano puede generar incertidumbre, inseguridad y celos en el que hasta ese momento había sido el rey de la casa. Con toda seguridad, esas emociones afectarán a los padres, ya de por sí atareados con ese nuevo miembro de la familia que requiere atención permanente. ¿Cómo afectará todo eso a nuestro hijo? ¿Qué podemos esperar de su comportamiento? ¿Debemos prepararlo para la nueva situación? ¿Podemos evitar que sienta celos?

Analizamos cómo afecta al niño la llegada de un nuevo hermano y cómo ayudarle para que el trance sea lo menos traumático posible.

El síndrome del príncipe destronado

Es el término que se utiliza en psicología para denominar esa situación pasajera de celos que viven los niños cuando un bebé llega a casa como consecuencia de la atención que el nuevo hermanito acapara. No todos los niños lo sufren con la misma intensidad, ya que depende de la edad, el carácter y el entorno que les rodea.

Por ejemplo, algunos estudios apuntan a que los celos se acentúan particularmente cuando los hermanos tienen poca diferencia de edad o son del mismo sexo. Sin embargo, no tienen por qué manifestarse justo tras el nacimiento, ya que pueden aparecer en etapas posteriores, cuando el bebé comienza a interactuar más con la familia (por ejemplo, en la época de gateo).

Sean como sean, esos celos forman parte del normal desarrollo psicológico del niño y suelen desaparecer con el paso del tiempo. Pero mientras se manifiesten, los padres no tenemos más remedio que aprender a gestionarlos para favorecer la maduración del pequeño y mantener la armonía familiar.

Reconocer las señales

En general, el signo que mejor podemos identificar cuando un niño vive esta situación de insatisfacción por la llegada del recién nacido es su permanente estado de irritabilidad, con constantes lloros superfluos y sin motivo. Las rabietas en esta etapa son frecuentes lo que, sumado al trabajo y la atención que requiere un recién nacido, puede afectar notablemente a la convivencia.

También hay niños que manifiestan su malestar a través de un comportamiento agresivo hacia el bebé, pudiendo incluso intentar pegarle o morderle, mientras otros reaccionan mostrándose excesivamente cariñosos. Incluso son habituales actitudes de desobediencia hacia los padres.

Por otra parte, a veces los celos del hermano mayor hacia el bebé se manifiestan mediante conductas regresivas como la de volver a chuparse el dedo, reclamar chupete o mojar la cama por las noches (enuresis secundaria). Son habituales en estos casos, el niño trata de recuperar la atención perdida adoptando actitudes desfasadas para su edad. Así, es frecuente igualmente la regresión hacia un lenguaje más infantil con el que el hermano mayor trata de parecerse más al bebé con el fin obtener las mismas atenciones.

Asimismo, las alteraciones en el sueño y la alimentación pueden considerarse normales en esta etapa de adaptación. Esto significa, por una parte, que el príncipe destronado puede empezar a dormir peor, con más despertares y una dependencia de los padres que ya parecía superada. Y, por otra, que el pequeño puede cambiar su conducta a la hora de comer, volviéndose más selectivo, rechazando alimentos que hasta ahora aceptaba o requiriendo la ayuda de los padres.

En ningún caso debemos entender todos esto como parte de un mal comportamiento en el niño, sino como mecanismos de defensa ante un cambio que resulta abrumador para el pequeño. Así, no es más que un proceso de adaptación necesario en la maduración psicológica del niño cuyos síntomas acabarán desapareciendo tarde o temprano.

Cómo facilitar su adaptación

Aunque se trata de una situación inevitable y que forma parte del proceso de maduración de los niños, los padres podemos facilitarles las cosas preparando el entorno familiar para los cambios que se avecinan. Así el proceso de adaptación de cara a la llegada del nuevo hermano a casa debe comenzar desde la etapa del embarazo para conseguir que sea progresivo y permitir que el hasta ahora «rey de la casa» se vaya mentalizando.

¿Qué estrategias podemos seguir para preparar a nuestros hijos para la llegada de un nuevo bebé? La respuesta está en el sentido común:

  • No crear falsas expectativas: conviene no caer en el error de anunciar al nuevo bebé como el compañero de juegos de su hermanito, ya que este podría llevarse una decepción los primeros meses.

  • Visualizar el nuevo rol: preparar la llegada del bebé probablemente implique la adquisición de mobiliario y accesorios específicos para el recién nacido. Así que, para dar su lugar al hermanito mayor, podemos optar por renovar sus utensilios de alimentación, permitiéndole por ejemplo escoger sus nuevos biberones según sus preferencias deportivas, de personajes infantiles, colores… De esta manera conseguiremos que se sienta igualmente importante y que vaya asumiendo su papel de «mayor».

  • Evitar los grandes cambios: en esta primera etapa no es recomendable introducir novedades tales como la retirada del pañal, el chupete o el cambio de guardería. El proceso de adaptación en estos casos se vería interferido por la llegada del bebé.

¿Y tras el nacimiento?

  • Mantener al niño en el ambiente familiar: aunque en el parto no podamos evitar la separación, lo mejor es que el niño pueda quedarse al menos con el padre hasta reunirse de nuevo con la madre lo antes posible. En caso de tener que dejarlo con otro familiar, lo mejor es que este venga a casa para que el niño no perciba que tiene que salir de su hogar por la llegada de un nuevo miembro.

  • El primer encuentro: una vez haya nacido el bebé, la Asociación Española de Pediatría (AEP) aconseja «que la vuelta a casa se produzca cuando el niño esté fuera (en la escuela o de paseo)». Además, recomienda «permitirle ver y tocar al pequeño, para así disminuir la ansiedad y la curiosidad».

  • Involucrarlo en los cuidados: puede ser una excelente una manera de que el hermano mayor acepte al nuevo miembro de la familia y lo acoja con cariño, a la vez que pone en práctica su nuevo rol de «mayor». Puede ayudar con el cambio de pañal o la hora del baño, entretenerlo con un juguete o incluso calmar al bebé con caricias. Cualquier gesto le ayudará a estrechar lazos.

  • Pasar tiempo en exclusiva con él: diversos estudios demuestran que el nacimiento de un nuevo bebé disminuye la atención que recibe el primogénito y suele alterar sus rutinas. Por eso, es importante tratar de mantenerlas en lo posible, aunque los padres nos sintamos desbordados por las demandas del recién llegado. Además, resulta relevante que el tiempo que pasemos con el pequeño sea en exclusiva para él. Hablamos de momentos como la hora del cuento, el baño, alguna actividad lúdica o durante las comidas.

  • Ante conductas regresivas…: la AEP recomienda evitar reír «las ‘gracias’ si estas son una regresión hacia conductas más infantiles».

  • Enfoque positivo: podemos intentar transmitir a nuestro hijo las ventajas de ser el mayor, tales como realizar y acompañar a sus padres en actividades que el bebé no puede hacer. Por ejemplo: «¡Vamos a montar el bicicleta los mayores!».

  • Incluir a la familia en el proceso: puede ser útil informar al círculo cercano de familiares y amigos sobre cuál será la mejor forma de actuar ante el pequeño durante las visitas. Esto implica que se le preste la misma atención que al bebé en lo posible. Sin embargo, los pediatras desaconsejan los «obsequios ‘de compensación’ al mayor» por considerarlos como «una manera de premiar los sentimientos de celos».

  • Fomentar su autonomía: dentro de su nuevo rol de hermano mayor, cobran gran importancia aquellos gestos orientados a favorecer su autonomía. Por ejemplo, podemos animarle a comenzar a usar un vaso de aprendizaje como el Magic Cup de NUK, dándole la posibilidad de que elija el diseño con su personaje favorito. Precisamente sistemas como el de Evolution Cups de NUK están especialmente desarrollados para ayudar a los críos a aprender a beber con autonomía, lo que resultará perfecto en esta etapa.

Imágenes | NUK, Pixabay / sathyatripodi / amyelizabethquinn