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Con el paso de los años nos damos cuenta de que el estado de ánimo con el que afrontamos un colorido día de primavera no es el mismo que con un día invernal y gris. Porque, más allá de la meteorología, los colores y la luz que percibimos a nuestro alrededor influyen en cómo nos sentimos. En primavera se produce una explosión de color a nuestro alrededor que evoluciona hasta la intensa luz del verano.

Esta, a su vez, supone el punto de inflexión tras el cual llega el otoño, con el que nuestro ánimo se va relajando de la mano de las gamas rojas, anaranjadas y amarillas que nos ofrece la naturaleza. Todo ello, hasta llegar a los colores fríos y neutros del invierno, con los que parecemos sumirnos en una especie de letargo.

La ciencia relaciona la percepción de los diferentes colores con los estados de ánimo, los sentimientos y la razón

Es la conocida como «psicología del color», acuñada por la profesora Eva Heller, la que relaciona la percepción de los diferentes colores con estados de ánimo, e incluso con ciertos beneficios en función del efecto que causan en nosotros. Es una disciplina muy reciente que vincula los colores con los sentimientos y la razón, y que es muy utilizada en algunos campos como la publicidad, el diseño gráfico, la moda o la decoración de interiores.

¿Sabías que, de acuerdo con este campo de estudio, los niños también son sensibles a los diferentes colores? Aunque no desde el mismo momento del nacimiento, ya que el sentido de la vista se desarrolla enormemente durante el primer año de vida. Aquí analizamos cómo es la evolución del ojo del pequeño en la apreciación de los colores y cómo pueden impactar estos en sus emociones y comportamientos.

Solo tiene ojos para mamá

Colores NUK

La vista de un recién nacido se reduce al principio a una distancia máxima de unos 20-30 centímetros que le permite cubrir sus necesidades básicas en esta etapa: alimentación y afecto. Esto significa que los ojos del bebé distinguen poco más que el pecho y el rostro de su madre.

De hecho, algunos investigadores afirman que nuestra posición natural para amamantar al bebé, tan diferente de otros mamíferos, favorece el contacto visual con la madre, lo que genera una especial conexión. Por otro lado, sabemos que los pezones de la madre se oscurecen previamente al nacimiento para facilitar al recién nacido su localización. En definitiva, la vista del recién nacido es muy básica durante las primeras semanas.

Hasta aproximadamente los tres meses, el bebé no puede percibir con nitidez lo que hay a su alrededor. Más bien capta sombras y formas moldeadas por la luz. No obstante, sí es sensible a los diferentes niveles de iluminación, por lo que se recomienda mantener la luz suave a su alrededor, sobre todo al principio.

Hacia los cuatro meses, los bebés son capaces ya de detectar objetos en movimiento y, a partir de los seis meses, podrán ver el contorno de los objetos cuyo tamaño y grosor no requieran demasiada agudeza visual. Ya con un año y medio, serán incluso capaces de diferenciar un pelo. Con todo, se considera que el niño alcanza su agudeza visual completa hacia los cinco años, si bien desde sus primeros meses de vida es capaz de percibir colores y formas.

Del blanco y negro a un completo arco iris

Durante sus primeros sesenta días de vida, los niños solo ven el mundo en blanco, negro y gradaciones de gris. Esto se debe a que las células nerviosas de las retinas y el cerebro aún no están completamente desarrollados.

Por suerte, inmediatamente después, empieza a descubrir los colores. Primero, el rojo y así progresivamente hasta completar todo el espectro básico de primarios y secundarios (azul, amarillo, verde, naranja y violeta), lo que sucede hacia los cinco o seis meses de edad. Por eso es común que en los juguetes diseñados para bebé estos colores básicos sean los dominantes.

Otras destrezas, como la coordinación ojo-mano, se desarrollan en torno al medio año, cuando la mayoría de los pequeños son capaces de llevarse alimentos a la boca por sí solos. Y hacia los siete meses, empiezan a percibir la profundidad. Más o menos con esa edad, los oftalmólogos consideran que la agudeza visual del niño está desarrollada al 20%.

Cómo les estimula cada color

Los espacios y objetos coloridos para niños no solo tienen sentido a nivel estético, sino que pueden cumplir una función clave en su aprendizaje y comportamiento. Así, a medida que crecen, los colores que los rodean también pueden afectar a su estado de ánimo, bienestar emocional, productividad, capacidad de aprendizaje y comportamiento. Esto es lo que, según la piscología del color, transmite cada uno:

  • Azul: está asociado con la calma y la serenidad. Por ello, favorece la concentración y facilita laconciliación del sueño.
  • Verde: según la psicología del color, tendría unos efectos similares al azul, puesto que también se relaciona con la calma y la paz. Es el color de la naturaleza, que alegra la vista sin saturarla y permite la relajación. Se considera que potencia el equilibrio y facilita la lectura (pensemos en las pizarras escolares).
  • Amarillo: es un color que transmite energía y optimismo. Se considera un gran estimulante emocional, que a su vez impulsa la concentración. Está relacionado con la vitalidad y la felicidad y su uso es muy recurrente en ambientes de creatividad.
Colores NUK
  • Rojo: el color rojo evoca energía y vitalidad, por lo que no se suele usar en ambientes en los que se busca la concentración o la relajación. Sin embargo, es uno de los más utilizados en accesorios y juguetes para bebés, puestos que les resulta muy estimulante.
  • Naranja: es uno de los colores que más energía transmite y se considera que estimula la comunicación y la sociabilidad. En consecuencia, es ideal para ambientes y situaciones pensadas para promover las relaciones sociales y la creatividad.
  • Púrpura: los colores morados contienen una combinación de las sensaciones que provocan el azul y el rojo. Así, son tonos que combinan tranquilidad con vitalidad de una manera equilibrada.
  • Blanco: pocas veces se tiene en cuenta como color, si bien es uno de los que más fomenta la concentración y la creatividad. Permite una sensación de calma y orden que también resulta ideal para ciertos contextos infantiles.
  • Negro: es el que culturalmente se asocia más en la actualidad a la tristeza y la agresividad. A pesar de ello, en los primeros meses es el único color, junto al blanco, capaz de generar un contraste perceptible por el bebé. En este sentido, no debemos tener reparo en usarlo durante los primeros meses ni posteriormente en combinación con el resto de la gama cromática.

Además del efecto que cada color pueda causar de manera individual, hay que tener en cuenta que las distintas combinaciones suman sensaciones y estimulan de diferentes maneras al crío.

Un entorno multicolor sin estridencias

Colores NUK

Se desconoce si la preferencia por unos colores u otros es innata o se adquiere con el tiempo, pero sí sabemos que el color es un gran aliado en el buen desarrollo del niño. Ahora bien, un abuso de tonos muy saturados no es aconsejable, ya que podría sobreestimularlo e interferir en su aprendizaje. En contrapartida, escoger solo tonos neutros y apagados puede resultar poco estimulante para el bebé. ¿Cómo configuramos entonces su entorno para que sea equilibrado en color? La clave está en la combinación y el equilibrio.

Es posible introducir el color en las paredes de su habitación, en la ropa de cama, en los juguetes. Podemos conseguir su atención con móviles de tonalidades variadas, vinilos en el techo, dibujos infantiles en el mobiliario, a través de los cuentos… e incluso en sus chupetes y biberones. Va a resultar apasionante observar cómo reacciona ante las distintas propuestas y descubrir juntos sus colores preferidos. Para estimular al bebé desde el principio, NUK propone la colección Colour Play con cadenitas, chupetes y biberones de látex y silicona de múltiples capacidades.

El protagonismo de color en su habitación puede recaer en una sola pared a través de pintura o vinilos, o en la parte inferior de todas las paredes dejando una tonalidad clara en la superior para equilibrar. No es necesario que todo esté repleto de colores y estampados. Lo ideal es buscar el equilibrio e ir presentando al pequeño todo el espectro de colores que tiene el mundo que empieza a conocer.

Imágenes | NUK, Unsplash / Colin Maynard / Insung Yoon / Alyssa Stevenson y Pixabay